1. Cultura de la adoración (cultura de la alabanza): somos alabadores:
Ponemos a Jesús en primer lugar. Él es el centro y el «objetivo» de nuestra vida. Todo comienza por dar gloria a Dios. Buscamos Su presencia en nuestra vida y queremos cultivarla. Él es lo más importante tanto para el individuo como para la comunidad. Él, cabeza de la Iglesia, es el fundamento del servicio, del trabajo, del descanso… de toda nuestra vida.
2. Cultura de la maduración y el desarrollo en libertad: queremos crecer:
Ese es el objetivo del ministerio mutuo: que mi hermano o mi hermana puedan crecer en el conocimiento del Señor, que puedan madurar en todos los aspectos de la vida espiritual (conocimiento, ministerio, santificación). Cada uno de nosotros tiene acceso a Dios y Dios guía a cada uno; nosotros, en cambio (como congregación), queremos velar por que los pasos que damos en el discipulado, la fe en Dios y el don sean sanos.
Cada uno de nosotros es responsable personalmente de su propio desarrollo. Partimos de la base de que quieres crecer espiritualmente a través del discipulado, el servicio y la transformación del carácter (el fruto del Espíritu Santo).
3. Cultura familiar: somos una familia:
Vemos a la congregación como una familia con relaciones sanas, donde la vida fluye día a día. Donde no solo los cultos dominicales, sino también los grupos entre semana y las reuniones individuales son una oportunidad para el cuidado mutuo, el crecimiento y el servicio. La Iglesia como una riqueza de diversidad de talentos, dones y temperamentos.
Apostamos por un sano sentido de pertenencia, y la sana responsabilidad hacia uno mismo (y ante uno mismo) se adereza con amor y, sobre todo, con perdón y sinceridad.
4. La cultura de la generosidad y la administración: somos administradores generosos:
Se trata tanto de los bienes (dinero) que el Señor nos ha confiado como del tiempo, las fuerzas, los talentos y los dones espirituales. En una palabra: entregarnos, tanto en la congregación (el servicio) como en la evangelización, es decir, compartir todo lo que Dios nos ha dado. Queremos ser conocidos por nuestra calidad, dando el 100 % de nosotros mismos, porque solo así es como Dios merece ser glorificado.
5. La cultura del descanso: vivimos en un estado de descanso, sin presiones ni coacciones externas:
Jesús no solo nos ha dado la salvación, sino también la alegría. ¡No tienes que vivir con Dios, pero quieres hacerlo! Esto también significa que tienes tiempo «para ti», para crecer, tener aficiones y relaciones; no queremos una vida sobrecargada de actividades que nos lleve al agotamiento. Queremos una vida para Dios, una vida llena de pasión y alegría.
